27 agosto, 2026

La primera casa sostenible de la historia se construyó en los años 50 y hoy en día sigue siendo un ejemplo de arquitectura eficiente

La primera casa sostenible de la historia se construyó en los años 50 y hoy en día sigue siendo un ejemplo de arquitectura eficiente

Cuando el arquitecto Arthur T. Brown llegó a Tucson (Arizona, Estados Unidos) en 1936 encontró una arquitectura que en la mayoría de los casos reproducía esquemas importados de otras regiones del país, poco preparados para afrontar las altas temperaturas y la intensa radiación solar del desierto de Sonora. Su respuesta fue desarrollar una arquitectura estrechamente vinculada al lugar, donde la orientación, la sombra y la ventilación natural adquirían un papel protagonista.

Décadas antes de que la sostenibilidad se convirtiera en una prioridad, Brown ya investigaba cómo mejorar el confort interior a través del propio diseño de los edificios. Y con toda esa intención construyó en 1952 la Casa Ball-Paylore una de sus obras más singulares, hoy icono de la arquitectura y objeto de estudio por su innovadoras aportaciones al mundo de la construcción sostenible y la arquitectura bioclimática.GMVargas

Una casa bioclimática avanzada para su época

La casa fue un encargo de Phyllis Ball y Patricia Paylore, dos bibliotecarias de la Universidad de Arizona, quienes, como explicaba el propio arquitecto «habían estudiado libros y revistas sobre arquitectura moderna y estaban decididas a tener una casa diferente, de planta sencilla, de bajo coste y libre de objetos superfluos». A partir de ese deseo de construir una casa tan especial Brown proyectó este edificio: compacto, funcional y plenamente adaptado a las condiciones del desierto.

La Casa Ball-Paylore representa una de las expresiones más completas de las ideas de Brown. Diseñada específicamente para su emplazamiento, adopta una inusual planta hexagonal organizada alrededor de una chimenea central. Desde este núcleo se distribuyen las distintas estancias, generando una secuencia espacial sorprendentemente rica para una vivienda de unos 111 metros cuadrados.GMVargas

La sencillez de la fachada que da a la calle contrasta con la complejidad del conjunto. La geometría de la casa invita a recorrerla y descubrir gradualmente sus espacios exteriores e interiores. Entre sus elementos más innovadores destaca la gran superficie con un cerramiento acristalado orientada al sur, concebida para captar calor durante los meses más fríos. Este sistema se complementa con una terraza semicircular equipada con paneles móviles que regulan la incidencia solar a lo largo del año, una solución pionera que anticipó muchas de las estrategias bioclimáticas utilizadas en la arquitectura contemporánea. Este sistema, sin necesidad de complejos mecanismos tecnológicos, fue una idea extraordinariamente avanzada para 1952.

Un gran trabajo de conservación del edificio original

El interior conserva buena parte de sus elementos originales, incluidos muebles empotrados, estanterías y escritorios realizados por el artesano Jack Kelso, colaborador habitual de Brown. Esta continuidad permite entender la vivienda como un conjunto integral donde arquitectura, mobiliario y modo de vida fueron concebidos de forma unitaria.

La vivienda permaneció durante décadas en manos de sus propietarias originales antes de ser adquirida en los años noventa por Phyllis y Henry Koffler, exdirector de la Universidad de Arizona. Durante casi treinta años funcionó como lugar de encuentro para académicos, investigadores y visitantes vinculados a la institución. Tras el fallecimiento de Phyllis Koffler en 2019, la Tucson Historic Preservation Foundation impulsó una operación de adquisición urgente para garantizar su conservación. El reducido tamaño de la vivienda, su singular diseño y la ausencia de una protección patrimonial efectiva la situaban en una posición especialmente vulnerable frente a la presión inmobiliaria.

La intervención posterior permitió recuperar elementos originales, restaurar sistemas constructivos y devolver el funcionamiento a los dispositivos de control solar concebidos por Brown. Gracias a este proceso, la casa ha llegado al siglo XXI conservando intacta buena parte de su carácter experimental y hoy se considera una de las obras imprescindibles para comprender la evolución de la arquitectura moderna. La Casa Ball-Paylore sigue demostrando la vigencia de unas ideas que, más de setenta años después, continúan resultando sorprendentemente actuales.

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