Desde el aire, Casa Xingu extiende tres brazos sobre un terreno rodeado de vegetación. En la tierra, la percepción cambia: la gran losa de concreto parece mantenerse suspendida sobre unos cuantos apoyos, mientras el paisaje continúa por debajo y alrededor de la arquitectura. Esa tensión entre el peso real de la construcción y la sensación de ligereza terminó definiendo el proyecto de TETRO Arquitetura.
Cuando Carlos Maia y su equipo conocieron el terreno en Nova Lima, en un entorno cercano a Belo Horizonte, Brasil, encontraron una parcela extensa, vestigios de una edificación anterior y, sobre todo, una vista abierta hacia las montañas. Es por esta integración que este proyecto de arquitectura residencial fue galardonado en Iconos del Diseño 2026.
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El problema apareció enseguida: si la nueva vivienda permanecía a la altura natural del terreno, buena parte de esa perspectiva desaparecería. Elevarla resolvía las vistas, pero planteaba otro riesgo:
«Para nosotros era importante que también fuera una casa, no un departamento en un edificio», explicó el arquitecto Carlos Maia.
Querían poder abrir una puerta y caminar directamente hacia el jardín sin renunciar, a la vez, a mirar el paisaje circundante desde una posición elevada.
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El estudio trabajó con maquetas hasta llegar a una planta que se extiende en tres direcciones. Una de las alas se acerca al bosque, otra se abre hacia las montañas, la tercera se eleva seis metros sobre la cota natural y alberga las dos suites principales, concebidas como un mirador continuo hacia el paisaje. En el nivel inferior, en contacto directo con el terreno, el área de ocio se abre hacia la piscina y el bar, debajo del volumen principal. El spa ocupa una pieza independiente entre los árboles: allí, en una posición más retirada, se concentran el sauna, el gimnasio y las áreas de descanso.

La casa se posa sobre seis grandes pilares de concreto. Gruesos, asimétricos y escultóricos, también están habitados: dentro de ellos se alojan los baños, las escaleras y el elevador. La decisión surgió tanto de la voluntad de reducir el número de soportes como de la relación con quien habitaría allí, un amante del arte.
“Pensamos si a él le gusta la escultura, podemos hacer que los apoyos sean esculturas», recordó Maia.

La estructura proyecta grandes superficies de sombra y el concreto mantiene toda su densidad, pero los espacios abiertos bajo la vivienda, el agua y la continuidad de la vegetación reducen visualmente su peso. Conseguir ese efecto exigió, según Maia, un esfuerzo estructural. «Intentamos hacer una casa que tuviera presencia, un peso, una imagen, y que a la vez pareciera flotar». El conjunto conserva también algunos rastros de la ocupación previa. Los muros de piedra existentes se integran en la nueva construcción, mientras una antigua galería subterránea funciona ahora como cava.

«Si tenemos la oportunidad de mantener cosas que son interesantes, por supuesto que queremos conservarlas», explicó Carlos Maia.
Una de las sorpresas llegó después de terminar la obra. Durante el proyecto, los mil 800 metros cuadrados previstos le hacían pensar en una casa de dimensiones enormes. Terminada, la percepción es otra: «Cuando estás allá, no se siente tan grande», explicó Maia. Es una impresión que, según él, se repite entre quienes la visitan por primera vez. La escala cambia frente a la amplitud del territorio.
El reconocimiento de Casa Xingu en Íconos del Diseño 2026 acompaña una idea que Maia considera central en la práctica de TETRO: «Para nosotros, la arquitectura va más allá de la construcción y de resolver los espacios y el uso», explicó. «También puede representar una cultura y a las personas que habitan esos espacios»






