15 septiembre, 2026

Los arquitectos de África que imaginan las ciudades del futuro: “A Occidente le encanta la arquitectura africana, siempre que sea un ‘safari lodge”

Los arquitectos de África que imaginan las ciudades del futuro “A Occidente le encanta la arquitectura africana, siempre que sea un ‘safari lodge”

Un grupo de niñas vestidas de uniforme pasean por la acera frente a la Cúpula Sarakasi. En una esquina, una mujer vende samosas y chapatis, y en la otra, un hombre quita la tela con la que ha cubierto los plátanos y las piñas que va a intentar vender hoy. Un joven descarga cajas de Coca-Cola sobre el hombro mientras esquiva como puede las boda-bodas, las motocicletas que serpentean a toda velocidad entre los coches y los transeúntes de Nairobi.

En mitad de ese pulso, en el corazón del barrio de Ngara, representantes de 54 países africanos y de la diáspora se han reunido en el marco de la Bienal Panafricana (PAB, por sus siglas en inglés). Celebrada del 7 al 11 de septiembre, la cita buscaba situar a África en el centro de una conversación arquitectónica que durante décadas se ha definido desde fuera del continente. “África no está en los márgenes del discurso arquitectónico, sino que es una de sus fuentes más importantes”, sostiene el texto curatorial.

Con esta premisa, la PAB cuestiona abiertamente el eurocentrismo de la arquitectura y las ideas preconcebidas sobre el continente. La Bienal abre así un debate que conecta arquitectura, urbanismo, resiliencia y sostenibilidad, pero que parte de una pregunta más profunda, planteada en su exposición principal:“¿Existe la arquitectura africana?”.

“La arquitectura siempre ha sido universal. Lo que pasa es que simplemente hemos estado celebrando las aportaciones que proceden de una determinada parte del mundo y las hemos etiquetado como arquitectura. Nos hemos acostumbrado a olvidar otras contribuciones, otras voces, otros lenguajes de creación del espacio, materiales y demás”, cuenta a EL PAÍS el arquitecto ruandés Christian Benimana, codirector ejecutivo de MASS Design Group, y participante de la Bienal.

“La arquitectura africana parte de un contexto colonial que ha tendido a situar a África como un todo homogéneo. Al ponerlo todo en el mismo lugar, se aplana la diversidad de millones de personas”, añade el arquitecto italo-somalí Omar Degan, fundador y director de la PAB, en una entrevista con este diario.

Para Benimana, el problema está precisamente en la etiqueta. Plantearla como “arquitectura africana”, sostiene, puede impedir que alcance todo su potencial creativo, ya que genera expectativas sobre lo que se supone que esta debe producir o debe ser.

Critica este término porque considera que limita la capacidad de las distintas regiones para contribuir a la conversación arquitectónica global. “Lo que yo practico no es arquitectura africana. Podría vivir en Europa y practicar arquitectura, y eso no la convertiría en arquitectura europea. Tiene que ver con el lugar y las comunidades. Deberíamos intentar resolver los retos a los que nos enfrentamos como arquitectos, no como arquitectos africanos”.

La exposición de la Bienal también refleja esa filosofía. En lugar de reproducir las divisiones del continente surgidas tras la Conferencia de Berlín de 1884 y la posterior partición colonial de África, se organiza en torno a condiciones compartidas: Naciones Insulares, Países Desérticos y Regiones de Selva Tropical. “Países que tradicionalmente no tendrían relación entre sí se topan en torno a aquello que comparten, en vez de hacerlo en torno a sus fronteras”, explica Degan. “En este sentido, Cabo Verde y Madagascar, pese a estar separados por miles de kilómetros, comparten más desafíos que muchos de sus países vecinos”, añade.

La exposición pretende, además, abrir la puerta a una cuestión más profunda: “El hecho de que la diversidad de millones de personas haya sido contada siempre de la misma manera desde Occidente. Lo rechazamos. Somos diversos y la arquitectura responde a desafíos específicos. Marruecos no es Tanzania; Tanzania no es Senegal”, comparte el director. Como resume el texto curacional: “Al mundo occidental le encanta la arquitectura africana, siempre y cuando sea un safari lodge”.

Degan reconoce que el esfuerzo por situar a África en el centro de la conversación arquitectónica también se enfrenta a obstáculos estructurales. “Todas las grandes revistas de arquitectura están fuera de África. Incluso las bases de datos son muy limitadas, lo que supone un gran desafío para nosotros [los organizadores de la Bienal]. Tenemos que recurrir a nuestras redes de contactos”, explica.

Esa desconexión se traslada a menudo a la educación. “En las escuelas de arquitectura de Guinea Ecuatorial, el currículo sigue estando basado casi exclusivamente en referencias españolas y europeas”, señala Laida Memba Ikuga, representante ecuatoguineana del proyecto LAUGE, quien defiende la necesidad de abrir una conversación sobre el rol social del arquitecto en África.

La arquitectura para definir un futuro propio

Las dimensiones políticas y sociales de la arquitectura y su papel a la hora de configurar el futuro del continente están también en el centro de la Bienal: la vivienda, los materiales de construcción circulares, el cambio climático, la migración, los conflictos o los retos de la atención sanitaria se encuentran entre los grandes desafíos a los que se enfrenta África hoy, cuestiones compartidas en las que la arquitectura desempeña un papel crucial y a menudo ignorado.

El 70% de la población de África subsahariana tiene menos de 30 años. Es el continente que está experimentando las tasas de crecimiento demográfico y urbano más rápidas del mundo. Para 2050, se espera que una cuarta parte de la población mundial viva en África. Sin embargo, en medio de esta rápida transformación, su futuro arquitectónico sigue siendo poco conocido.

En las décadas posteriores a la independencia, la arquitectura se convirtió en una herramienta más con la que expresar la soberanía e imaginar un futuro propio. Aun así, durante buena parte del siglo XX, la mayoría de los edificios que dieron forma a las ciudades africanas fueron diseñados por arquitectos extranjeros.

Hoy, una generación creciente de arquitectos africanos está cuestionando esos modelos heredados y recurriendo, en cambio, a los materiales locales, las prácticas constructivas tradicionales y a tener en cuenta las necesidades relacionadas con el clima y las comunidades con las que trabajan. “El cambio no tiene que ver únicamente con quién diseña los edificios, sino también con quién tiene derecho a definir las preguntas que la arquitectura debe abordar”, cuenta Degan.

Uno de los proyectos que encarna esta filosofía es el Rwanda Institute for Conservation Agriculture, de MASS Design Group. Alrededor del 96% de los materiales utilizados fueron obtenidos en Ruanda, entre ellos tierra compacta, bloques de tierra, piedra extraída localmente, madera y terracota. El diseño responde a las condiciones climáticas y ecológicas de la región ruandesa de Bugesera, y en el proceso de planificación participaron agricultores locales, ministerios gubernamentales y ecólogos de la zona.

En esa línea se mueve también The house that remembers us (La casa que nos recuerda), presentado por el estudio nigeriano NANA Collective Studio, que habla sobre cómo la arquitectura indígena e histórica actúa como vehículo de la memoria, la cultura y la identidad. Para ilustrarlo, colocaron en el suelo los bloques de tierra con los que se construyen las casas tradicionales en Nigeria: el barro no como símbolo de vergüenza, sino como muestra de orgullo.

Los proyectos de reconstrucción posconflicto en Somalia de Omar Degan son otro de los ejemplos de una arquitectura arraigada en las necesidades y realidades específicas del continente. Otros, como el keniano Cave Bureau y su Anthropocene Museum, investigan las cuevas de Kenia como archivos arquitectónicos anteriores a los monumentos occidentales y utilizan sus historias para examinar, entre otros, temas como el colonialismo y la extracción de recursos.

El futuro de la arquitectura

Las actividades de la Bienal también han explorado distintas cuestiones políticas y sociales, entre ellas el futuro de la arquitectura en el continente. “El futuro africano siempre ha sido imaginado por otros. Lo imaginaron los planificadores coloniales. Lo imaginaron los economistas del desarrollo. Y ahora mismo lo están imaginando los contratistas de infraestructuras y las empresas tecnológicas”, señala el programa de la cita.

“¿Cómo queremos que sea el futuro africano? ¿Cómo queremos que sean nuestras ciudades?”, se pregunta Viola Langat, directora de Diseño y responsable de Proyectos de Ajwang+Langat, un estudio de diseño y construcción con sede en Nairobi. Para ella, la PAB es una oportunidad para invertir esa dinámica: “Si esto sirve para algo, es para invitarnos a definir nuestras propias estéticas y para dar a los africanos la capacidad de dar forma a nuestro futuro”, concluye.

Para sus futuras ediciones, la Bienal propone algo poco habitual: en lugar de establecer una sede permanente como Venecia o Basilea, la idea es que la cita viaje por distintas ciudades del continente, “Por ahora tenemos tres en mente, pero ya sabes lo que dicen: ¡No has hecho una bienal hasta que no haces la segunda edición!“, bromea Degan.

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