Después de todo, el tiempo es un ingrediente clave de mi profesión», afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. La arquitectura evoluciona y se transforma constantemente a lo largo del tiempo. Ladrillos, puertas, ventanas, muros, escaleras y otros elementos se convierten en los protagonistas de un proceso que comienza con un boceto y que, finalmente, toma forma como obra construida.
Partiendo de que la arquitectura comienza cuando sus habitantes empiezan a apropiarse de un espacio, Francis Kéré desarrolla sus proyectos de manera progresiva, y continúa trabajando en el diseño incluso durante la fase de construcción. A medida que su arquitectura crece con el tiempo, se integra con su entorno, se adapta a las necesidades de las personas usuarias y responde a los cambios de forma flexible y experimental, busca integrarse en la vida de quienes la habitan.
En muchos proyectos, el tiempo actúa como un ingrediente esencial para dar vida a la arquitectura, trayendo consigo ideas inesperadas, cambios repentinos de planes, soluciones a desafíos imprevistos e incluso nuevas aspiraciones que dan forma a cada lugar. Más allá de dibujos, maquetas y renders, el proceso de diseño detrás de la arquitectura de Francis Kéré comienza, como él mismo sugiere, en el momento en que se pisa el terreno.
Desde la perforación de pozos de agua o la experimentación con la vegetación, hasta el desarrollo de detalles constructivos o la escucha de las historias de las comunidades locales, todo pasa a formar parte del proceso de diseño. En lugar de una progresión lineal, el tiempo se convierte en una multiplicidad de decisiones, descubrimientos e ideas que se despliegan en diferentes áreas y escalas, influyéndose mutuamente. Sin embargo, en este contexto, ¿qué papel desempeñan los materiales y las técnicas de construcción a la hora de dar forma al diálogo de la arquitectura con el tiempo?

Ubicada a 150 kilómetros al sur de Uagadugú, la idea para la Clínica Quirúrgica y Centro de Salud en Léo surgió del proyecto Opera Village en Laongo hacia el año 2012. Durante su desarrollo, la visibilidad del proyecto atrajo varias propuestas de colaboración de clientes potenciales, entre ellos el Dr. Bernhard Rumstadt. Ante la precariedad de los servicios del hospital local y sus dificultades para atender a la comunidad, el Dr. Rumstadt se propuso encontrar una forma de ayudar. Al enterarse de la clínica que se planeaba en Laongo, se ofreció a dirigirla. No obstante, la colaboración nunca se concretó y el Dr. Rumstadt decidió finalmente regresar a Léo para establecer su propio centro médico. Una vez más, el tiempo jugaría un papel clave. Si el financiamiento era el obstáculo, tal vez el tiempo podría ofrecer la solución. El Dr. Rumstadt había quedado impresionado por las casas modulares para artistas y docentes en Opera Village. Por lo tanto, ¿por qué no utilizar estos módulos, adaptarlos para fines médicos y construirlos a medida que se dispusiera de fondos?

Tomando como referencia el Hospital Albert Schweitzer en Gabón, los módulos se diseñaron como estructuras independientes, utilizando las mismas dimensiones y especificaciones de materiales para reducir costos y simplificar la construcción. Sin embargo, pronto surgieron dificultades, entre ellas la falta de espacio para todas las funciones requeridas y conexiones insuficientes entre programas específicos.
Puesto que el objetivo era crear un centro médico abierto y accesible para toda la comunidad, resultaba fundamental asegurar que los habitantes locales no lo percibieran como algo ajeno, involucrándolos en el proceso. La colaboración entre trabajadores calificados y la mano de obra de la zona generó oportunidades para el intercambio de conocimientos. La población local participó desde el principio, aportando su conocimiento del territorio para identificar los mejores materiales disponibles en la región —desde la arcilla hasta la arena y la piedra—, mientras que el equipo principal de Kéré Architecture en Gando compartió las técnicas de construcción que habían desarrollado, propiciando un proceso de aprendizaje mutuo.

Para los muros de los módulos se utilizaron bloques de tierra comprimida (BTC). Los gurunsi, conocidos por sus tradiciones de construcción con tierra, nunca habían utilizado este sistema, que transforma la tierra local en un material de construcción resistente y duradero. Al haber experimentado ya con esta técnica en Gando, Kéré Architecture enseñó a los trabajadores y a las trabajadoras locales cómo aplicarla, permitiéndoles emplear el método también en otros proyectos de construcción.
Con el paso del tiempo, surgió la necesidad de ampliar los servicios y las instalaciones de la clínica. Se recaudaron fondos para construir nuevos módulos, lo que permitió que el centro creciera manteniendo la misma técnica constructiva: módulos sencillos, rápidos y fáciles de edificar. En 2016 comenzó la construcción de alojamientos para cirujanos y cirujanas, basados en un modelo de vivienda que pudiera ser replicado fácilmente por la población local. El diseño se inspiró en la forma en que se construyen actualmente las casas en Burkina Faso: estructuras sencillas de bloques de hormigón enlucidos, sin cimientos ni ventilación, coronadas por un techo de chapa metálica. En el proyecto se experimentó con un sistema de muros de doble capa que aporta resistencia estructural al tiempo que aumenta la masa térmica, contribuyendo a mantener frescos los interiores.

La capa interior de bloques de tierra comprimida (BTC) aprovecha su inercia térmica a la vez que genera una sensación de calidez y confort, mientras que la capa exterior está hecha de bloques de hormigón, más resistentes a la erosión provocada por la lluvia. Los muros se inspiran tanto en técnicas locales tradicionales como contemporáneas. El pueblo kassena, perteneciente al grupo étnico gurunsi, es conocido en Burkina Faso por sus casas de tierra, cuyas superficies decoran las mujeres de la comunidad con motivos geométricos realizados con revoques de colores. Tomando estas tradiciones como referencia inicial, el proyecto desarrolló la idea de revestir las viviendas con revoques coloreados, cumpliendo un propósito tanto funcional como estético. Distintos matices de tonos tierra se integraron en el paisaje, permitiendo al mismo tiempo distinguir cada casa de las demás dentro del conjunto.

A medida que se han ido añadiendo nuevos módulos, el proyecto se ha expandido a lo largo de los años e incluso ha adaptado algunas de sus funciones para responder a las cambiantes necesidades y objetivos de la comunidad. El tiempo ha permitido su integración tanto arquitectónica como social, pero este no es el único ejemplo. Los Proyectos de Koudougou demuestran cómo desde el programa —que comenzó como una escuela secundaria para la comunidad local y más tarde se convirtió en un centro de aprendizaje al servicio de todo el país— hasta el proceso de diseño y construcción en el propio terreno pueden evolucionar con el tiempo mediante un enfoque de experimentación progresivo, no lineal y simultáneo.
En 2014, Susanne Pertl y su esposo, Markus, fundadores del Stern Stewart Institute, se pusieron en contacto con Francis Kéré para desarrollar una escuela en Palogo, una comunidad rural en las afueras de Koudougou. Aunque esta es la tercera ciudad más grande de Burkina Faso, la región cuenta con un largo historial de migración que ha contribuido a la desintegración de muchas familias. En respuesta a la necesidad de una educación secundaria de calidad en la zona, los Pertl habían encontrado un terreno para la escuela. Sin embargo, se trataba de un bas-fond, una llanura aluvial que se inunda por completo durante la estación lluviosa y se vuelve sumamente árida en la época de sequía. Por lo general, las inundaciones arrastran las capas superficiales y fértiles del suelo, dejando al descubierto el duro sustrato de laterita subyacente: una superficie estéril con la que es sumamente difícil trabajar.

A pesar de ello, ante las esperanzas de la comunidad local de construir una escuela, Francis decidió aceptar el reto. Comprender el sitio y aprender a responder a sus particularidades fue el primer paso. El proceso requirió observar cómo cambiaba el paisaje con el tiempo, identificar sus recursos y desafíos, y encontrar formas de gestionarlos. El diseño debía proteger contra los vientos fuertes y la erosión. Inspirada en los patios tradicionales de Burkina Faso, la escuela se organizó en torno a un espacio central. Nueve aulas modulares se dispusieron radialmente alrededor de un gran patio sobre una plataforma elevada, mientras que una serie de gradas daba forma a un anfiteatro para el recreo, encuentros informales y asambleas escolares y comunitarias.
La escuela también requería protección contra el viento, el polvo y el agua mediante varias capas adicionales. Se diseñó una zona de transición del entorno de las aulas, delimitada por una pantalla de madera que funciona como una segunda fachada. Troncos de eucalipto que conectan la plataforma con la cubierta en voladizo actúan como barrera frente a la intemperie, a la vez que generan una serie de espacios intermedios sombreados detrás de las aulas. Estos espacios ayudan a mantener frescas las aulas, al tiempo que ofrecen zonas para encuentros informales a la sombra. Un denso cinturón verde rodea la escuela, frenando el viento y estabilizando el terreno mediante una red de raíces que ayuda a combatir la erosión.

Desde las estrategias climáticas hasta el diseño del mobiliario, todo se desarrolló en paralelo. El sistema constructivo de la escuela se estudió de la mano con sus materiales. Koudougou es conocida por sus canteras de laterita, por lo que muchos edificios de la ciudad se construyen con este material extraído directamente del suelo. La técnica tradicional consiste en cortar toscamente las piezas de laterita, dejarlas endurecer al sol y utilizarlas como piedras unidas con mortero. Debido a su forma irregular, se requieren cantidades considerables de mortero y cemento para rellenar juntas grandes y desiguales. Para este proyecto, el equipo buscó perfeccionar la técnica, lo que permitió usar el material de manera más racional y lograr una estética más controlada. Se desarrolló un método profesional para cortar la laterita en bloques regulares que luego pudieran utilizarse como ladrillos, con una colocación precisa y juntas delgadas.

Trabajadores y trabajadoras locales con experiencia en la extracción de laterita colaboraron con el equipo de Gando. Se extrajeron del sitio grandes bloques de laterita local y se transportaron al área de construcción, donde se transformaron en ladrillos listos para su uso. Los muros de las aulas se levantaron con este material, dotándolas de su característico color rojo intenso y de una excelente masa térmica. Era la primera vez que Kéré utilizaba la laterita como material constructivo, así como la madera de eucalipto en un edificio. El eucalipto se había plantado masivamente en todo Burkina Faso durante el periodo colonial. El desafío consistía en emplear el eucalipto como material de construcción permanente incorporándolo a un sistema de parasoles (brise-soleil) alrededor de las aulas, al tiempo que se reemplazaban los árboles talados por especies nativas.
En 2017, el Stern Stewart Institute encargó el diseño de nuevas instalaciones que permitieran a quienes egresaban de la escuela secundaria continuar su educación sin salir de Koudougou. El Instituto de Tecnología de Burkina Faso (BIT) capacitaría a estudiantes en campos avanzados de informática y emprendimiento. Una vez más, frente a un terreno complejo, el tiempo se convertiría en parte de la solución. Una parte importante del presupuesto se destinó a modelar la topografía y proteger el sitio, mientras las aulas se construían progresivamente, lo que permitió al equipo comprender qué funcionaba mejor y adaptar el diseño a lo largo del proceso. Se propuso un sistema modular para albergar aulas y espacios de apoyo, junto con una técnica constructiva sencilla, rápida e innovadora.

A partir de la experiencia de la Escuela Secundaria Naaba Belem Goumma, el proyecto utilizó arcilla de origen local vaciada en el sitio (terre coulée), rescatando prácticas tradicionales a través de un método de construcción contemporáneo. La obra pudo completarse en un plazo ajustado gracias a la fabricación de un gran sistema de encofrado que permitía vaciar un módulo entero en una sola jornada. Este mismo encofrado pudo reutilizarse después para cada módulo, uno tras otro. Este enfoque se empleó para construir las tres primeras aulas, adosadas al muro de contención y dispuestas de forma ortogonal para permitir la futura expansión del campus a medida que evolucionaran las necesidades.
Al entender cada proyecto como un campo propio de aprendizaje y experimentación, el tiempo atraviesa la arquitectura de Kéré a medida que los equipos de diseño y las comunidades trabajan colectivamente con los materiales, las técnicas constructivas, las definiciones del programa e incluso las estrategias climáticas. Desde una perspectiva progresiva de evolución continua, cada decisión de diseño implica considerar qué materiales se adaptan mejor a su entorno, qué necesidades deben atenderse y cómo afectarán finalmente los proyectos la vida de las personas que los habitan.






