Cada 31 de octubre se conmemora el Día Mundial de las Ciudades, fecha establecida por las Naciones Unidas para promover un crecimiento urbano planificado, inclusivo y sostenible. Sin embargo, construir ciudades verdaderamente sostenibles no depende únicamente de implementar tecnologías ecológicas o infraestructura moderna; requiere también fortalecer la convivencia y la cohesión comunitaria en los espacios donde la vida diaria ocurre.
Ante el constante crecimiento vertical de las ciudades y la mayor densidad habitacional, Richard Chávez, subgerente de Acompañamiento Social de Besco, comparte cuatro recomendaciones prácticas para fomentar una vida vecinal armónica y colaborativa:
1. Construir acuerdos claros para la vida cotidiana: Vivir cerca de otras familias supone reconocer necesidades y costumbres distintas. Conocer el reglamento interno, respetar los horarios de descanso y acordar pautas para el uso de áreas comunes y espacios para mascotas ayuda a prevenir conflictos. Tan importante como definir las reglas es explicarlas de manera sencilla y mantenerlas accesibles para todos.
2. Conversar a tiempo y buscar soluciones, no culpables: Un malentendido puede agravarse cuando no existen canales adecuados para abordarlo. Escuchar, comunicar las molestias con respeto y buscar acuerdos concretos contribuye a resolver diferencias. Si la situación lo requiere, la administración o la junta de propietarios pueden facilitar el diálogo y orientar los pasos a seguir, respetando el reglamento interno.
3. Participar en las decisiones y asumir responsabilidades compartidas: Una comunidad funciona mejor cuando sus residentes se informan, asisten a las asambleas y colaboran con sus representantes. Conocer cómo se utilizan las cuotas de mantenimiento, cumplir los compromisos económicos y promover una gestión transparente facilita el cuidado de servicios e instalaciones que benefician a todos, como ascensores, bombas de agua e iluminación.
4. Convertir los espacios comunes en lugares de encuentro: Las actividades culturales, recreativas y familiares permiten que los vecinos se conozcan y desarrollen sentido de pertenencia. Involucrar a niñas y niños también es una forma de enseñarles a valorar lo que comparten. En Centriqo, Besco realizó un taller de arte con niños y develó un mural pintado por la artista Fefa Cox en la zona de juegos, con la participación de propietarios y representantes de la junta vecinal. La obra lleva inscrito el mensaje “Donde hay participación, nace comunidad”, que resume el sentido de la jornada: los espacios compartidos cobran mayor valor cuando los vecinos se involucran, se encuentran y los sienten propios.
“La sostenibilidad urbana suele asociarse a la infraestructura o la energía, pero el factor social es igual de determinante. Una comunidad sostenible es aquella donde los vecinos aprenden a organizarse y resolver diferencias con madurez. Por eso, desde el sector inmobiliario debemos acompañar a las comunidades en sus primeros pasos de organización; en Besco lo impulsamos con nuestro programa WASI, dotando a los propietarios con herramientas de autogestión y bienestar vecinal”, destacó Richard Chávez.
La convivencia armónica en la ciudad empieza en los espacios inmediatos: un condominio organizado y participativo no solo mejora la calidad de vida de sus residentes, sino que también protege el valor patrimonial y humano de cada hogar.






