El proyecto de 36 viviendas de protección oficial, promovido por Institut Metropolità de Promoció de Sòl i Gestió Patrimonial (IMPSOL), en Sant Andreu de la Barca (Barcelona) responde a la complejidad de un entorno urbano formado por bloques residenciales de distintas épocas, alturas y configuraciones. Obra de Harquitectes, el conjunto se plantea como un único edificio que, a partir de un basamento continuo alineado con la calle Josep Pla, se divide en dos torres a partir de la primera planta. Esta solución reduce el impacto visual de una edificación continua y favorece la relación con la construcción residencial existente en el interior de la manzana.
La fragmentación en dos volúmenes mejora la entrada de luz natural, la ventilación y la privacidad tanto de las nuevas viviendas como de los edificios cercanos, manteniendo al mismo tiempo una imagen unitaria y coherente con la escala urbana del entorno. Cada torre cuenta con un único núcleo de comunicación vertical que distribuye tres viviendas por planta, permitiendo optimizar la superficie construida y reducir los espacios comunes.

Las viviendas cuentan con doble orientación, ventilación cruzada y abundante luz natural. Su organización interior se basa en una retícula de estancias cuadradas de dimensiones equivalentes (10 m²), definida por la modulación del forjado nervado de hormigón visto, compuesto por nueve casetones en cada espacio. Esta disposición, sin jerarquías funcionales rígidas, favorece distintas formas de uso y elimina espacios residuales. Además, las galerías situadas en los extremos de las fachadas actúan como espacios intermedios no climatizados que mejoran el confort térmico y acústico de las viviendas.
La estructura del edificio se concentra en el perímetro mediante muros de hormigón armado vistos, liberando el interior de las plantas y reforzando la identidad arquitectónica del conjunto a través de una composición regular de aberturas y antepechos inclinados característicos.
















