12 julio, 2024

Jardines Mediterráneos de La Hoya de Almería: así se transformó un vertedero en un parque histórico

Jardines Mediterráneos de La Hoya de Almería así se transformó un vertedero en un parque histórico

El estudio de arquitectura Kauh firma el gran proyecto español de esta temporada. Está entre el conjunto monumental de la Alcazaba y el cerro de San Cristóbal

La ciudad de Almería se extendía en la Edad Media por la Hoya, un barranco situado en el borde de la ciudad histórica, entre la Alcazaba y el cerro de San Cristóbal, que está cruzado por las torres cuadradas de la muralla de Jayrán. Con el tiempo, aquel barrio medieval quedó deshabitado y, durante siglos, esa zona urbana se transformó en un espacio agrícola que se llenó de cultivos. Pero con el paso de los años, los agricultores se marcharon y todo quedó convertido en un gran descampado al que se arrojaban escombros, basuras y trastos viejos. Un vertedero descontrolado y una zona de aparcamiento de coches entre las murallas de un valioso conjunto monumental.

Hoy no queda rastro alguno del descampado abandonado y el vertedero. En su lugar están los Jardines Mediterráneos de La Hoya, un espectacular parque de más de 42.000 metros cuadrados de superficie en el que el Ayuntamiento de Almería ha invertido 2,5 millones de euros, cofinanciados en un 80% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder). El espacio se ha diseñado, proyectado y edificado con tanto mimo, detalle y respeto por la historia del enclave que se ha convertido en el gran proyecto español urbanístico y paisajístico de esta temporada.

Los Jardines Mediterráneos de la Hoya de Almería.
Los Jardines Mediterráneos de la Hoya de Almería.FERNANDO ALDA

No es un parque cualquiera. La disposición de los árboles y las plantas y todo el diseño del espacio se ha hecho para dar la «máxima protección» a los potenciales bienes arqueológicos que están en el subsuelo, como explica a EL MUNDO Juan Antonio Sánchez Muñoz, del estudio Kauh Arquitectura y Paisajismo, autor del proyecto de los Jardines Mediterráneos de La Hoya junto a Vincent Morales Garoffolo.

Se sabe que hay restos arqueológicos metros abajo de la superficie del parque porque, durante las obras, fueron localizados a través de un georradar. «Si dentro de veinte o cien años, las próximas generaciones deciden que quieren hacer excavaciones arqueológicas para desentrañar las huellas del pasado, nada de lo que hoy luce en el parque será un obstáculo o dañará los vestigios del antiguo barrio medieval que esconde el subsuelo», detalla el arquitecto Sánchez Muñoz. Actualmente, no hay presupuesto para hacer estos trabajos y, además, una manera de conservar los restos es a través de un proyecto como éste.

Se han plantado praderas silvestres de herbáceas mediterráneas que protegen el suelo, sirven de refugio a los camaleones y atraen a todo tipo de insectos

Los 120 árboles y las 21.048 plantas de diferentes variedades que se han sembrado son autóctonos. Son también los que mejor se adaptan al clima mediterráneo y árido de Almería. Y a la falta de lluvias. Para seleccionarlos se hizo un minucioso trabajo de documentación, revisando fotos antiguas. Hay almendros, membrillos, azufaifos, cítricos, moreras y el árbol del amor de flor blanca, entre otros. A los pies de los árboles se han plantado praderas silvestres de herbáceas mediterráneas que protegen el suelo, sirven de refugio a los camaleones y atraen a todo tipo de insectos.

«Todo ello en un marco de reflexión sobre qué es y cómo es hoy un parque en el contexto de crisis medioambiental global, en un enclave patrimonial cómo este y con una climatología como la de Almería«, contextualiza Sánchez Muñoz.

La historia del lugar es «importantísima» para el proyecto, insiste el arquitecto. El pasado más remoto lo aporta la Alcazaba y murallas del Cerro de San Cristóbal, con más de 1.000 años de historia. Este conjunto fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y hoy es Bien de Interés Cultural. Durante las obras del parque, se encontraron diseminados varios bolaños (proyectil esférico de piedra posiblemente utilizado en los asedios medievales a la Alcazaba) que se han agrupado en un punto junto la puerta en la Muralla de Jayrán.

La historia más reciente de este enclave también se ha mimado al máximo. Así, se han mantenido unas inscripciones realizadas en el año 1971 por J.C.G., que debió reparar el sistema de canales. «El proyecto está lleno de mil detalles. Todo lo que ha aparecido se ha incorporado», aclara Sánchez Muñoz. Otro ejemplo son los restos de un cortijo que fue demolido en los años 80. Al retirar los escombros, se dieron cuenta de que los muros de esta vivienda se habían edificado sobre otros de época medieval. Descubrimiento tras descubrimiento.

Construcción de balates y terrazas en el parque.
Construcción de balates y terrazas en el parque.FERNANDO ALDA

En el parque se ha mantenido la estructura típica almeriense de «paratas» (la terraza para el cultivo) y «balates» (el muro que la contiene) de la finca agrícola que se estableció en la zona en el siglo XIX. Precisamente, la construcción tradicional de piedra seca de estos muros es una técnica que la Unesco declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Otro elemento clave del proyecto es el agua. Durante las obras, se ha recuperado el sistema de canales y partidores de agua que en el pasado utilizaron los agricultores. Para ello, se han vuelto a poner en uso dos antiguas albercas de riego. Hay también pilas y piletas intermedias que regulan el flujo, además de diversos sistemas de caída de agua que contribuyen al «paisaje ambiental y sonoro del sitio».

Para Sánchez Muñoz, «la capa contemporánea que hemos incorporado es el compromiso medioambiental» que destila todo el conjunto. Esa alianza con el medio ambiente no se limita al agua, el tipo de construcción, los árboles y las plantas. Llega hasta la iluminación. En el parque no hay ni rastro de las típicas farolas porque la luz nocturna surge del suelo. «Es una iluminación baja que se funde con el paisaje de la noche. Estamos cerca del Observatorio de Calar Alto y hay un compromiso con el cuidado de los cielos nocturnos«, apostilla el arquitecto.

TRABAS DE LA JUNTA

Pero llegar hasta la imagen que muestran hoy los Jardines Mediterráneos de La Hoya no ha sido nada fácil. El proyecto comenzó a gestarse hace más de 15 años, con el entonces alcalde Luis Rogelio Rodríguez-Comendador (2003-2015). El testigo lo asumió el siguiente alcalde Ramón Fernández-Pacheco (2015-2022) -actual consejero y portavoz del Gobierno andaluz de Juanma Moreno-. Y ha sido la hoy alcaldesa de Almería, María del Mar Vázquez, la que finalmente inauguró el parque en noviembre del año pasado.

En todos estos años, el Ayuntamiento de Almería, gobernado por el PP, se ha encontrado con algunas trabas para poder intervenir en la zona por parte de la Junta de Andalucía, en la etapa del PSOE. En cambio, cuando se produjo la alternancia y el popular Juanma Moreno se convirtió en presidente de la Junta, tras las elecciones autonómicas de diciembre de 2018 las cosas comenzaron a acelerarse.

Ahora hay que llenar al parque de actividades culturales que no molesten a los ‘vecinos’: los animales de la reserva subsahariana que el CSIC tiene a la espalda de la Alcazaba

«El impuso al proyecto se produce a partir de 2019», explica a este diario Eloísa Cabrera, segunda teniente de alcalde y concejal de Urbanismo y Vivienda, que enumera otras intervenciones en la ciudad de la Junta de Andalucía, como la que se está acometiendo ahora en la Alcazaba por importe de 11 millones de euros y en el cerro de San Cristóbal, con 3,5 millones procedentes de los fondos europeos Next Generation.

La alcaldesa remarca que los Jardines Mediterráneos de La Hoya forman parte de un proyecto más amplio para «reactivar» el centro histórico de Almería que está desarrollando el Ayuntamiento en colaboración con la Junta de Andalucía. El objetivo es convertir el eje Plaza Vieja, San Cristóbal, La Hoya, La Alcazaba y Mesón Gitano en un «recorrido de historia y de futuro» para la ciudad.

Una vez inaugurado el parque de la Hoya, el Ayuntamiento confía ahora en llenarlo de actos culturales. Pero, de momento, el enclave cuenta con unos vecinos que podrían alterarse si hubiera conciertos y música a todo volumen. Son los animales de la reserva subsahariana que el CSIC tiene en la Finca Experimental La Hoya que está a la espalda de la Alcazaba. Cuando el Consistorio planteó recientemente hacer un concierto, se rechazó porque «las cabras de la reserva se estresaban«, recuerda Eloísa Cabrera. Ahora, buscan una solución que dé tranquilidad a las gacelas y llene de cultura el parque.

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