14 abril, 2024

Explorando espesores en envolventes arquitectónicas: de velos finos a barreras gruesas

La arquitectura siempre ha jugado un papel clave al momento de dar refugio y protección a los seres humanos. En tiempos prehistóricos buscábamos protección en cuevas, aprovechando las estructuras rocosas para resguardarnos del clima y los depredadores. Con el tiempo, los refugios comenzaron a fabricarse con materiales que se encontraban en la naturaleza, como ramas, hojas y pieles de animales, evolucionando hacia viviendas más permanentes y complejas, con paredes de piedra, ladrillos o madera, techos para protegerse de la lluvia y el sol, y puertas para controlar el acceso. A medida que desarrollamos habilidades de construcción más avanzadas, la arquitectura ha evolucionado significativamente, levantando templos, palacios y fortificaciones que no solo proporcionaban refugio, sino que también simbolizaban poder, estatus e identidad cultural. Aun así, nuestros edificios pueden seguir siendo vistos como corazas que nos protegen del mundo exterior.

Desde las enormes piedras de los templos griegos hasta los rascacielos acristalados, trabajamos con una variedad de posibilidades y espesores para separar lo que consideramos interior y exterior. En este artículo exploramos la diversidad de espesores en la arquitectura, desde materiales simples hasta técnicas de construcción complejas, destacando cómo esta variación no solo entrega protección sino que también influye en nuestra percepción e interacción con el entorno construido.

Esta dicotomía también está presente en la arquitectura contemporánea. Un ejemplo interesante es el proyecto realizado por Lacaton y Vassal para la Escuela de Arquitectura de Nantes en Francia. Aquí, los arquitectos propusieron una intervención innovadora y audaz al sumar una fachada delgada y ligera a la estructura del edificio de la escuela, optando por preservar la existente y agregar una capa exterior nueva y delgada, creando espacio adicional y renovando la apariencia del edificio. La nueva fachada está compuesta por una estructura ligera de acero y una superficie de policarbonato translúcido, que entrega una generosa entrada de luz natural al edificio, creando espacios amplios y luminosos que promueven un entorno propicio para el aprendizaje.

Por otro lado, el Centro de Innovación UC – Anacleto Angelini, diseñado por Alejandro Aravena y ELEMENTAL, es un ejemplo de cómo la opacidad y el peso pueden usarse de manera consciente y estratégica en la arquitectura moderna. El proyecto enfatiza la solidez y presencia física del edificio, dándole una sensación de peso y permanencia. Su fachada de hormigón, predominantemente opaca y con pocas aberturas, crea una presencia sólida e imponente en medio del contexto urbano. En primer lugar, esta operación ayuda a proteger el interior del edificio de la luz solar directa, contribuyendo al control térmico y reduciendo la necesidad de sistemas activos de aire acondicionado. En segundo lugar, la opacidad crea una atmósfera de privacidad y contemplación al interior del edificio, permitiendo a los ocupantes concentrarse en sus actividades sin distracciones externas. Las aberturas están cuidadosamente pensadas y el edificio gira sobre sí mismo la mayor parte del tiempo.

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Velos finos

Si damos un paso atrás, surge una pregunta intrigante: ¿qué constituye realmente un espacio? ¿son cuatro paredes? ¿o podría ser algo menos tangible, como una sombra, una nube o incluso algunas gotas? En la Exposición Suiza de 2002, el “Edificio Blur” diseñado por Diller Scofidio + Renfro ganó relevancia internacional. Con una fina niebla formada por 35.000 boquillas de alta presión se creó una nube artificial que cambiaba según el viento, alterando las rutas de los turistas. Incluso pudieron “beberse” el edificio que, tras la puesta del sol, se convertía en una nube luminosa sobre el lago de Neuchâtel.

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Y cuando consideramos las barreras físicas, ¿hasta qué punto podemos reducirlas? El Pabellón de la Música, diseñado por Lorenz Bachmann + Atelier Void, por ejemplo, utiliza cortinas y vidrio para maximizar la integración del edificio con el exuberante jardín circundante. En la Casa en Yanakacho, todo el nivel superior está envuelto en un azulejo trapezoidal translúcido, que literalmente fusiona la división entre el espacio interior y exterior. Este concepto también se ejemplifica en el Invernadero para la convivencia de plantas y humanos, diseñado por salazarsequeromedina, donde el revestimiento plástico desafía las nociones tradicionales de solidez y materialidad, transformándose en una estructura de vivienda innovadora.

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El Centro de Aprendizaje Rolex de SANAA, por otro lado, es un ejemplo impresionante de cómo se puede redefinir la relación entre el interior y el exterior. Con sus formas fluidas, espacios abiertos y fachadas acristaladas, el centro desafía las nociones convencionales de los límites arquitectónicos. Los grandes espacios internos se fusionan armoniosamente con su entorno, entregando una sensación de continuidad y conexión con el entorno circundante. Las amplias zonas acristaladas permiten que la luz natural inunde el interior, creando una atmósfera fresca y acogedora. Además, las distintas zonas de estar al aire libre, como terrazas y patios, fomentan la interacción entre los usuarios y la naturaleza, creando un entorno propicio para el aprendizaje y la colaboración.

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La fachada del proyecto La Samaritaine, diseñado por SANAA, LAGNEAU Architectes, Francois Brugel Architectes Associes y SRA Architectes, destaca por su elemento distintivo: el vidrio ondulado. Este elemento arquitectónico único le da al edificio una apariencia dinámica y cautivadora y a su vez agrega una capa de complejidad visual a su estructura. El vidrio ondulado no sólo genera una estética impresionante, sino que también desafía las convenciones de diseño tradicionales al crear una interacción entre luces, sombras y reflejos. Con un enfoque similar, la Casa da Música de OMA en Porto, utiliza el vidrio ondulado para “difuminar” la relación entre la arquitectura futurista contemporánea y el patrimonio histórico preservado de su entorno. Todo esto a través de apenas unos milímetros de cristal.

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Barreras gruesas

Si nos movemos ahora al otro extremo: ¿hasta qué punto tiene sentido aumentar el ancho de la envolvente de un edificio? ¿dónde está el límite entre un carcasa efectiva y un ancho suficiente para volverse funcional en si mismo—o incluso habitable?

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Las envolventes super-anchas surgen exclusivamente para el control de las inclemencias del clima, tanto el frio como el calor excesivos. Los muros de los ancestrales iglúes en zonas polares, por ejemplo, superan los 20 cm de grosor para que las bolsas de aire de los bloques de nieve compactada les permitan volverse aislantes. En los ksar de Marruecos—e incluso en muchos proyectos marroquíes contemporáneos ubicados en zonas de clima desértico cálido—, el ancho de los muros de barro o tapial oscila entre los 40 y los 60 cm, sin embargo, algunos de ellos pueden alcanzar hasta 1 metro de grosor para generar microclimas habitables frente al duro calor del desierto. Si en los velos delgados la envolvente se reduce a su minima expresión, integrando espacios con gran fluidez, los barreras anchas generan un umbral pesado y denso, donde los espacios separados quedan deliberadamente aislados y diferenciados. Aquí, las aberturas son controladas y generalmente mínimas, para dejar pasar un cierto porcentaje de luz natural mientras se evitan las filtraciones directas del viento helado o una ola de calor.

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En casos modernos notables, los arquitectos no sólo se benefician de las propiedades de los muros anchos en distintos materiales para mejorar los ambientes interiores, sino que también son utilizados como una herramienta espacial, estética y hasta simbólica. En el Museo de Cultura e Historia Qingxi, diseñado por los arquitectos de UAD en Sangzhou Town, China, los muros gruesos permiten asentar el edificio al territorio. Tomando como referencia los muros de contención de los campos en terrazas existentes, se seleccionaron piedras y guijarros locales para construir una serie de muros que siguen sus cotas naturales. Con más de 40 cm en algunas áreas, los diseñadores han aprovechado las distintas profundidades para destacar accesos o crear mobiliario en obra, como un gran mapa empotrado que guía a los visitantes del museo.

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En la Casa Taller Plumula en México, los arquitectos de Espacio 18 Arquitectura preservan y refuerzan una serie de muros de adobe preexistentes para mantener el interior cálido en invierno y fresco durante los meses de calor. Los anchos muros no sólo exponen honestamente su materialidad para hacer palpable el sistema constructivo, sino que potencian la imponente pero respetuosa presencia de la vivienda en medio de su contexto. También en México, el equipo de CLACLÁ Taller de Arquitectura ha replicado el proceso de moldeado de una vasija de barro para crear los escultóricos muros de la Galería Dos Hijas, compuestos de paja, arcilla y granito (COB). Su grosor, que va desde los 80 cm en su base hasta los 50 cm en su parte superior, evita la necesidad de una estructura secundaria y permite que sea utilizado como espacio de descanso a modo de bow windows.

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Con climas que pueden variar entre los -2°C y los 30°C, las viviendas en la ciudad de Mendrisio, al sur de Suiza, deben estar preparadas tanto para períodos fríos como calurosos. La Casa C de celoria Architects, se beneficia de su gruesa envolente para mantener un clima interior adecuado durante todo el año. Sus muros de concreto son plásticamente formados para zonificar y activar el programa de sus espacios, integrando una escalera de caracol, una chimenea y una lucarna central que aparece inesperadamente entre sus pliegues macizos.

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Este artículo es parte de los temas de ArchDaily: Piel del Edificio, presentado por Vitrocsa, las ventanas minimalistas originales desde 1992.

Vitrocsa diseñó los sistemas de ventanas minimalistas originales, una gama única de soluciones, dedicada a las ventanas sin marco que cuentan con las barreras de visión más estrechas del mundo: fabricados en línea con la reconocida tradición Swiss Made durante 30 años, los sistemas de Vitrocsa “son el producto de una experiencia inigualable y una búsqueda constante de innovación, que nos permite cumplir con las visiones arquitectónicas más ambiciosas”.

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