Sobre una roca situada a 889 metros de altitud, el Castillo de Rupit domina el tejido histórico de este municipio barcelonés perteneciente a la comarca de Osona. Este enclave fortificado, reconocido como uno de los bienes patrimoniales más relevantes de la localidad, forma parte esencial de su identidad histórica y de su silueta paisajística. La cercanía de las viviendas construidas a lo largo del tiempo ha generado, sin embargo, dificultades de acceso y ha fragmentado la lectura del conjunto.
En 2019, la Diputación de Barcelona promovió la elaboración de un plan destinado a fijar directrices claras de actuación que aseguraran la preservación del monumento y facilitaran su interpretación. De forma paralela, el Ayuntamiento incorporó al patrimonio municipal la finca de Can Saltiri, ubicada en la base del peñasco donde se asienta el castillo. Esta adquisición abrió la oportunidad de establecer un vínculo más directo entre el núcleo urbano y el recinto histórico.

El arquitecto Carl Enrich firma la propuesta de intervención, que plantea una mejora sustancial del acceso y define un itinerario continuo entre los vestigios conservados. El recorrido arranca en la finca de Can Saltiri y supera el desnivel existente entre la calle y el primer escalón excavado en la roca, punto que correspondía a la entrada primitiva del castillo, como sugieren las escaleras talladas en la piedra.
La actuación se desarrolla en cuatro segmentos sucesivos que culminan en un mirador interior. Una estructura ligera formada por barras de acero corrugado de 12 y 25 milímetros configura pasarelas discontinuas que acompañan la topografía sin imponerse a ella.

Desde el interior vaciado de la finca, una nueva escalera recupera las cotas originales y destaca elementos existentes, como la chimenea y la roca medianera. Una pasarela suspendida sobre la finca vecina conecta con el inicio de las escaleras históricas. Un tramo anclado directamente a la roca salva el siguiente desnivel y conduce a un camino situado tras las cubiertas colindantes. El recorrido finaliza con una última escalera que sigue la traza original y desemboca en una plataforma de observación ubicada dentro del perímetro de la antigua torre.















