14 enero, 2026

Bodega de la Quinta de Adorigo en Tabuaço

Bodega de la Quinta de Adorigo en Tabuaço

En un territorio de belleza excepcional, la arquitectura entabla un diálogo con una tradición vinícola centenaria profundamente arraigada al paisaje. La quinta de Adorigo se ubica en el Alto Douro Vinhateiro, región vitivinícola portuguesa reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial, tanto natural como cultural. La bodega forma parte de un conjunto enoturístico que se completa con un hotel, configurando una experiencia integrada entre arquitectura, paisaje y cultura del vino.

La bodega presenta formas horizontales y curvilíneas, así como por recorridos fluidos entre sus distintas áreas, que evocan el zigzagueo de los viñedos. No se trata de una reproducción literal del paisaje, sino de una interpretación que prioriza las rutinas productivas, la circulación eficiente y la comunicación interna. El edificio desciende siguiendo la topografía natural, reflejando su funcionamiento interno: la vinificación se realiza por gravedad, un sistema tradicional en las márgenes del río Duero. Esta lógica se traduce en un conjunto de naves entrelazadas que acompañan el declive del terreno y se replican en los niveles interiores.

La cubierta reinterpreta la tipología tradicional a dos aguas mediante una geometría escultórica, continua y orgánica, estructurada en madera y alineada con las curvas de los viñedos. En el exterior se emplean materiales locales como el esquisto y el granito, mientras que el interior incorpora muros de contención de hormigón. La estructura combina pórticos de madera laminada, paneles de CLT y revestimientos prefabricados de hormigón reforzado con fibra de vidrio, reduciendo el impacto de la obra y el uso de encofrados.

La bodega integra estrategias pasivas y activas de eficiencia energética. Parcialmente enterrado, el edificio aprovecha la inercia térmica del suelo para mantener condiciones estables de entre 14 y 16 °C en las áreas de envejecimiento del vino, a pesar de las fuertes oscilaciones térmicas exteriores. La orientación norte, el contacto con la tierra y un sistema geotérmico permiten reducir significativamente el consumo energético. A ello se suman soluciones de gestión del agua, pavimentos permeables y materiales que envejecen con dignidad, integrando el edificio en el paisaje mientras mejora su calidad con el tiempo, como un buen vino.

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