En el invierno de 2018, el diseñador neerlandés Joris Laarman y su familia viajaron por las regiones más salvajes del sureste de Australia. Regresaron a casa impactados por la belleza indómita de su flora y su fauna. Un año después, los incendios forestales arrasaron millones de hectáreas en esa misma zona, hábitat de una gran diversidad de especies. Las vacaciones suelen ser memorables y a veces profundamente reparadoras. Pero ¿realmente pueden ser transformadoras?

“Fue terrible y nos afectó profundamente”, recordó Laarman. “Decidimos que era momento de intentar trabajar junto con la naturaleza y también dentro de ella. Algo difícil en los Países Bajos, por ser un país pequeño y densamente poblado”.
Reconocido como uno de los grandes solucionadores de problemas e innovadores del diseño contemporáneo, Laarman ha curvado acero, desarrollado tablas de surf compostables y creado desde una banca impresa por robots para el LeBron James Innovation Center de Nike hasta el primer puente impreso en 3D del mundo, en el barrio rojo de Ámsterdam. Pero diseñar una nueva vida para su familia —junto a su socia y pareja, Anita Star, y sus tres hijos— tomó más tiempo.

El punto de partida fue Zaandam, un enclave boscoso a 15 minutos del centro de Ámsterdam, históricamente dedicado a la construcción naval y a la fabricación de armamento. Hoy, 26 familias han creado allí una comunidad vibrante donde trabajo y vivienda conviven con naturalidad.

Su nuevo estudio ocupa una antigua fábrica de techos curvos —diseñados para que, en caso de explosión, la onda expansiva pudiera escapar por las ventanas y no por el techo—. El espacio alberga las herramientas futuristas de Joris Laarman Lab: cortadoras láser, fresadoras y maquinaria de precisión. Frente a un gran ventanal añadido por el propio diseñador, se extienden un huerto ecológico y una mesa comunal. Un entorno industrial, sí, pero casi bucólico.

Para Marc Benda, de la galería neoyorquina Friedman Benda, el contraste es inspirador: “Estás en medio del bosque; puedes ver pasar un zorro o un ciervo”.
Entre varios prototipos destaca la Bone Chair, diseñada en 2006 con software de inteligencia artificial inicialmente pensado para la industria automotriz. Desde entonces, Laarman explora una idea clara: la sabiduría de la naturaleza puede otorgar un propósito superior al diseño.

Su serie Symbio, asientos exteriores de concreto reciclado u hormigón, ejemplifica esta visión. Además de reducir emisiones de CO2, las piezas —con formas que evocan rocas erosionadas— incorporan patrones algorítmicos donde pueden crecer musgos y otras especies. Decorativos y regenerativos, estos objetos imaginan ciudades más verdes. Algo similar ocurre con Ply Loop, mobiliario derivado de su investigación sobre la madera contrachapada y los adhesivos contaminantes. Su versión propone resistencia, elegancia y reciclabilidad, combinando herramientas manuales y fabricación digital en chapas de roble y nogal que se retuercen con gracia casi coreográfica. “La tecnología por sí sola puede ser aburrida”, afirmó Laarman. “Es en el cruce entre oficio y tecnología donde el diseño se vuelve interesante”, agregó.

En Zaandam, esa sinergia se traslada a la vida cotidiana: naturaleza, comunidad y trabajo habitan en equilibrio. El único matiz es la cercanía con el resto del país. En 2026 se inaugurará el museo ZAMU en la zona, y la idea de las grandes multitudes inquieta a Laarman. Pero, fiel a su carácter, seguramente encontrará la solución.






