Construida en 1894 a partir del proyecto de Ignasi Oms i Ponsa, la antigua central eléctrica de la Anònima Manresana ocupó desde sus inicios una posición estratégica en el casco antiguo de Manresa. Su implantación contribuyó de forma decisiva al desarrollo industrial y urbano de la ciudad barcelonesa. La intervención actual, promovida por el Ayuntamiento, recupera este edificio histórico y lo transforma en un equipamiento público, reforzando al mismo tiempo la actividad social y urbana del barrio antiguo.

Con el paso del tiempo, la fábrica quedó rodeada por edificaciones que densificaron el entorno. El proyecto introduce demoliciones puntuales de construcciones añadidas para liberar el volumen original y generar nuevos espacios abiertos. Esta operación permite mejorar la relación del edificio con el espacio público y reforzar su papel dentro del tejido urbano.

El conjunto está formado por tres naves principales. La situada junto a la calle albergaba una fábrica textil que utilizaba los excedentes de energía producidos por la central. Las otras dos naves, dispuestas en paralelo y conectadas mediante un pasaje y un patio interior, estaban destinadas a las calderas y a la maquinaria. En el nivel inferior se encontraban las carboneras y los conductos que evacuaban los humos hacia la gran chimenea.

La reorganización funcional adapta el edificio a nuevos usos manteniendo el carácter de sus espacios. La nave de mayor tamaño se conserva como un espacio amplio y flexible destinado a actividades polivalentes. La nave central pasa a funcionar como vestíbulo de acceso, mientras que las tres plantas del antiguo edificio textil se destinan a dependencias administrativas municipales.

Aunque la actuación se planteó inicialmente como una rehabilitación interior, el mal estado del sótano situado bajo la plaza permitió replantear la intervención. El vaciado de este ámbito ha hecho posible introducir luz natural y establecer una relación directa con el espacio público. El proyecto incorpora además una estrategia ambiental pasiva que estructura el edificio. Una galería vidriada funciona como espacio de transición climática, mientras que un vacío central de gran altura actúa como chimenea de ventilación, favoreciendo la ventilación cruzada, la entrada de luz natural y la continuidad visual entre niveles. Este espacio también permite recuperar la lectura de una antigua fachada interior, integrando la eficiencia energética con la puesta en valor del patrimonio.










