Ubicada en la zona sur del solar, la Facultad de Ciencias de la Salud configura un nuevo límite del campus. Junto con los dos edificios ya construidos, el proyecto genera un gran espacio exterior central, una plaza destinada a actividades colectivas que contribuirá a la consolidación de un espacio de identidad para la Universidad Carlos III.
Aprovechando la topografía existente, el edificio se enraíza en el lugar, hundiéndose ligeramente en el terreno. El contacto con el suelo modifica la rasante mediante fosos y taludes que resuelven los accesos y cualifican los espacios exteriores adyacentes.
La nueva facultad se presenta como una pieza compacta perforada por una trama modular de diez patios que permite disponer de espacios interiores con iluminación y ventilación natural. Este damero de llenos y vacíos organiza las cuatro plantas —de idéntica altura—, dando lugar a un espacio continuo con distintas posibilidades de organización. En sección, la diferencia de profundidad de los patios ofrece la posibilidad de plantear laboratorios y espacios docentes de dimensiones y superficies diversas.
El edificio está concebido como una infraestructura de uso flexible y adaptable en el tiempo, gracias a un orden preciso y una intencionada radicalidad geométrica que se manifiesta en la claridad de la planta y en un estricto rigor constructivo.
La estructura, compuesta por cuatro bloques, se soluciona mediante una trama de pórticos de hormigón armado cada 6,40m, formados por pantallas de hormigón y vigas postesadas capaces de salvar vanos de 14,10m. De esta forma, el interior queda liberado de pilares y soportes intermedios, lo que contribuye a generar un espacio con múltiples posibilidades de adaptación y cambio durante la vida útil del edificio. Los patios se rematan en sus testeros con un conjunto de estancias dotadas de aberturas abocinadas y núcleos verticales de instalaciones que facilitarán en el futuro la incorporación de nuevas necesidades técnicas en las zonas de investigación.
La envolvente exterior se resuelve, en sus fachadas este y oeste, mediante una fábrica de ladrillo continua que conecta con la idea material presente en el campus. Los alzados norte y sur, más abiertos y permeables al exterior, se construyen con una celosía de piezas de aluminio, perforadas con diferentes patrones, que protege el edificio de la radiación solar y le confiere una imagen abstracta.
Un tercio del espacio —todos los laboratorios— se irá completando a medida que se vayan definiendo las líneas científicas e incorporando investigadores. En la fase actual, la infraestructura está preparada para cualquier posible configuración futura.










