Escribir sobre la educación peruana exige estar preparado para la frustración. El inicio del año escolar debería ser un pacto con el futuro, pero este 2026 nos enfrenta a una realidad brutal: el entorno físico donde nuestros niños y jóvenes se forman está al borde del colapso. La infraestructura educativa en el Perú no necesita «retoques»; requiere una evolución radical hacia un modelo arquitectónico que se adapte a las diversas geografías del país y a las nuevas formas de enseñar y aprender.
De acuerdo con reportes del sector educación, el 98% de los colegios públicos presenta una capacidad instalada inadecuada; esto implica que muchos locales, aunque operativos, no cumplen con los estándares modernos de laboratorios o áreas pedagógicas especializadas. Según datos de la Contraloría General de la República, el 52% de los locales educativos exige una intervención estructural urgente, empezando por la sustitución de techos. Esta brecha acumulada representa una inversión estimada de S/ 158,832 millones, con una atención crítica en regiones como Puno, Cusco y las zonas periféricas de Lima.
Para José Ignacio Pacheco, decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de UCAL y doctor en urbanismo, el camino hacia la solución debe tener una mirada más humana y técnica del diseño. «Un espacio educativo debe ser un lugar que invite al crecimiento y brinde seguridad. Es fundamental que dejemos atrás los diseños genéricos para dar paso a una arquitectura que respete la identidad de cada región”. Agregó que “según el PRONIED(Programa Nacional de Infraestructura Educativa), existen lecciones importantes sobre la ubicación de los planteles y el manejo de suelos que hoy debemos aplicar con mayor rigor técnico para que cada colegio sea un lugar de bienestar», explicó.
Ante este contexto, el experto propone cinco ejes de mejora para fortalecer la infraestructura escolar:
Seguridad estructural urgente: El primer paso es la prevención. Se requiere un esfuerzo conjunto para el reforzamiento masivo de infraestructuras, basándose en las alertas técnicas de la Contraloría para frenar el riesgo estructural en este retorno a clases.
Arquitectura sanitaria digna: Es inaceptable que el 18% de los locales carezca de agua potable. El diseño debe priorizar soluciones sanitarias sostenibles que garanticen la salud y la permanencia de los alumnos.
Arquitectura adaptada al territorio: El diseño debe conversar con el clima local. Es necesario implementar estándares bioclimáticos: ventilación en la costa, aislamiento térmico en la sierra y estructuras elevadas en la selva, evitando que el clima sea un obstáculo para el estudio.
Entornos de aprendizaje flexibles: El aula de filas rígidas es una reliquia. Necesitamos espacios multipropósito con redes digitales integradas que permitan a los estudiantes interactuar con la tecnología en ambientes diseñados para la colaboración.
Infraestructura definitiva vs. parches temporales: Los módulos de emergencia no pueden ser la norma. Promover concursos de arquitectura por zonas permitirá construir colegios que no solo sean funcionales, sino que se conviertan en el orgullo de sus comunidades.
Desde UCAL no vemos la arquitectura como una carrera de planos y maquetas; la vemos como nuestra principal arma para intervenir la realidad. Para el decano Pacheco, el reto no es solo levantar muros, sino proyectar con empatía y visión estratégica, asegurando que cada escuela sea un ecosistema que realmente valore y potencie el talento de cada estudiante peruano.






