El Museo de la Liberación de Manisa (en turco Manisa Kurtuluş Müzesi) conmemora el movimiento civil que resistió la ocupación de la región entre 1918 y 1923, gestado de manera independiente a la autoridad central. Ubicado en el distrito de Yunusemre, en la ciudad de Manisa, el proyecto ocupa una superficie aproximada de 3.800 metros cuadrados y funciona como un relato espacial que narra la resiliencia colectiva frente a la adversidad.
Su exposición se estructura a partir de una secuencia clara: ocupación, destrucción, liberación y reconstrucción. Más que apoyarse únicamente en recursos textuales o gráficos, el proyecto utiliza el espacio, la materia y la luz como herramientas narrativas, permitiendo que el visitante experimente físicamente la tensión histórica.
La arquitectura del museo destaca por su fuerte integración con el entorno y su carácter simbólico. El edificio se desarrolla de forma semisubterránea mediante patios hundidos, bóvedas de ladrillo y cúpulas cubiertas de vegetación, elementos que buscan transmitir sensaciones de pérdida y reconstrucción. El recorrido expositivo se organiza en catorce salas independientes de ladrillo, cada una dedicada a un momento histórico específico.
El ladrillo es el material predominante en todo el proyecto. Se emplea en muros gruesos, gradas escalonadas, techos abovedados y largos pasillos. Pasajes estrechos conducen a espacios más amplios, mientras la luz natural se filtra de forma controlada a través de aberturas estratégicas. Estas transiciones generan contrastes deliberados —oscuridad y luz, estrechez y amplitud, altura y compresión— que reflejan cambios emocionales, desde la incertidumbre inicial hasta una esperanza contenida.
El acceso al museo se realiza mediante una rampa de tres brazos. El vestíbulo principal adopta una forma semielíptica, definida por losas de hormigón abovedadas y arcos de ladrillo, desde donde se cuenta la historia de Manisa. En contraste, la cubierta funciona como un parque público que se eleva sobre el contenido histórico. El edificio emerge mediante una topografía de montículos y vacíos, que fragmentan el espacio ajardinado, permitiendo que la vida cotidiana y la memoria coexistan en estratos.















