2 septiembre, 2026

La arquitectura española que quiere dejar de construir como si el planeta fuera infinito

La arquitectura española que quiere dejar de construir como si el planeta fuera infinito

Adentrarse en el museo MUHBA Oliva Artés, en el antiguo corazón industrial —y hoy creativo— del Poblenou barcelonés, supone encontrarse con una sorprendente paradoja sensorial. El aire tiene un aroma dulce e intenso a madera de pino sin tratar. Suspendidas en el volumen catedralicio de esta antigua fábrica, decenas de delicadas estructuras cinéticas de madera ligera oscilan suavemente como balanzas.

Es Internalities: Architectures for Territorial Equilibrium. Concebida originalmente como Pabellón de España para la XIX Bienal de Arquitectura de Venecia de 2025, la exposición ha aterrizado en Barcelona para la segunda etapa de su itinerancia nacional, donde permanecerá hasta el 13 de septiembre. Su coincidencia con la designación de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026 difícilmente podría ser más oportuna.Noticias relacionadas

Comisariada por dos destacados arquitectos españoles —Roi Salgueiro Barrio, investigador del Massachusetts Institute of Technology (MIT), y Manuel Bouzas, arquitecto gallego y profesor de la Universidad de Cornell—, la muestra es mucho más que un escaparate celebratorio del talento nacional. Es también un campo de batalla intelectual. En lugar de conducir al visitante por una sucesión pasiva de asépticas salas blancas, Bouzas y Salgueiro han construido un manifiesto físico que plantea una pregunta incómoda pero fundamental: ¿podemos permitirnos seguir construyendo como si los recursos de nuestros territorios fueran infinitos?

Vista de la exposición 'Internalities' en Barcelona.

El agotamiento de la «sostenibilidad»

Para comprender la urgencia de Internalities, hay que partir de la profunda frustración de sus comisarios con el lenguaje de la ecología contemporánea. «El término “sostenibilidad” está agotado», declaran sin rodeos Salgueiro y Bouzas. A su juicio, décadas de apropiación corporativa han vaciado la palabra hasta convertirla en una inocua estrategia de marketing decorada con hojas verdes, etiquetas, certificados y métricas energéticas superficiales.Noticias relacionadas

El problema de los certificados convencionales de construcción sostenible, sostienen, es su ceguera estructural. Operan a una escala localizada e hiperreduccionista: registran determinados indicadores termodinámicos durante la vida útil del edificio, pero pueden ignorar la extracción social, medioambiental y material que tuvo lugar antes de que sus habitantes recibieran las llaves. Son las llamadas «externalidades»: emisiones de carbono, explotación laboral o degradación del paisaje que la industria de la construcción desplaza fuera de sus balances y hacia la periferia.

Para contrarrestar esa evasión sistémica, los comisarios recurren a un provocador neologismo: «internalities». La palabra funciona como antónimo inventado de «externalidades», concepto formulado por el economista británico Arthur Pigou para describir los costes indirectos que la producción de bienes impone sobre terceros, comunidades y paisajes sin compensarlos por ello. Construir desde la lógica de las «internalidades» significa diseñar incorporando de manera consciente esos costes y asumir la huella completa de una estructura.Noticias relacionadas

«Nuestra responsabilidad profesional es, por lo tanto, atender siempre a ambas escalas», explican Bouzas y Salgueiro. «Cada vez que construimos un edificio, estamos construyendo también los paisajes de los cuales provienen sus materiales, fuentes de energía, etcétera». Bajo esta perspectiva, una torre de bajo consumo energético en Madrid no puede considerarse sostenible si su cemento se ha procesado en una planta altamente intensiva en carbono, el acero ha cruzado océanos y los encofrados de madera proceden de bosques talados al otro lado del mundo. Internalities propone, frente a ello, una nueva cultura territorial que vuelva a conectar la ecología local con la economía de la construcción.

Las balanzas del equilibrio

Este marco conceptual adquiere forma física en el imponente salón principal de la exposición, una sección titulada Balance. El espacio alberga 16 balanzas, construidas íntegramente con madera local, de las que cuelgan treinta y dos maquetas correspondientes a dieciséis proyectos seleccionados entre las 171 propuestas recibidas en una convocatoria abierta.Noticias relacionadas

El diseño funciona como una lección de narración visual. A un lado de cada balanza cuelga una maqueta detallada del sistema constructivo del edificio, realizada con el material que el proyecto busca «internalizar». Al otro, una maqueta topográfica representa el territorio del que procede. El equilibrio físico de estas estructuras de madera se convierte así en una metáfora constante del equilibrio ecológico y económico necesario entre el edificio y el territorio.

Los dieciséis proyectos —desde viviendas públicas hasta intervenciones sobre ruinas históricas— demuestran que no se trata de una utopía abstracta, sino de una práctica que ya está en marcha en España.Noticias relacionadas

Un ejemplo son las Viviendas sociales 2104, en Mallorca, del reconocido estudio HArquitectes. El proyecto recurre a una paleta regional de piedra y arcilla locales para reducir de forma drástica el «carbono embebido» —o carbono gris— asociado a materiales transportados desde largas distancias. Al centrar el diseño en la arenisca de marès propia de Mallorca, la construcción favorece además a las canteras y economías regionales frente a las cadenas de suministro globalizadas.

Cerca de allí, Peris+Toral Arquitectes presentan Raw Rooms (Casas de Tierra), un conjunto de 43 viviendas sociales en Ibiza construido con tierra compactada y arcilla sin cocer. Al emplear tierra cruda, el proyecto evita los procesos de fabricación a alta temperatura y las emisiones asociadas al ladrillo convencional y otros materiales industrializados. En su balanza, el propio suelo de Ibiza deja de entenderse como un obstáculo que retirar para convertirse en materia de construcción, con una reducción drástica del transporte y un alto potencial de circularidad.Noticias relacionadas

También la restauración del patrimonio entra en la balanza. En Rolling Stones, Sebastián Arquitectos documentan su minuciosa intervención en la ermita de San Juan de Ruesta, junto al antiguo Camino de Santiago. Su pieza contrapone la preservación de la estructura pétrea a los paisajes de canteras de Aragón de los que procede el material, demostrando que memoria histórica y responsabilidad territorial pueden formar parte de una misma ecuación.

Cinco preguntas sobre el territorio

Alrededor de las balanzas centrales de Balance, la exposición se ramifica en cinco cámaras de investigación temáticas, cada una dedicada a una de las grandes externalidades de la arquitectura: Materiales, Energía, Oficios, Residuos y Emisiones. En ellas, arquitectos, investigadores y fotógrafos trazan un mapa de la Península Ibérica entendida como un único ecosistema productivo interconectado.Noticias relacionadas

1. Materiales: la cornisa cantábrica

Comisariada por Daniel Ibáñez y Carla Ferrer, junto a la fotógrafa María Azkarate, esta cámara investiga las cadenas forestales de la cornisa cantábrica. Sigue el recorrido de la madera desde los bosques comunales, públicos y privados hasta su transformación industrial.

Los responsables de la exposición, sin embargo, no se limitan a estudiar esa cadena: también la incorporan físicamente al proyecto. La estructura de Internalities está construida íntegramente con madera de pino procedente de los históricos montes vecinales en mano común de Galicia, procesada y patrocinada por la empresa maderera regional FINSA. Estos montes comunales constituyen uno de los modelos de propiedad y gestión colectiva de la tierra que todavía perviven en Europa y han sobrevivido a profundas transformaciones económicas y políticas. Al construir el pabellón con esta madera concreta, la muestra convierte la cooperación social y la ecología regional en parte de su propia estructura.Noticias relacionadas

2. Energía: los vientos atlánticos

Los arquitectos Aurora Armental y Stefano Ciurlo, del estudio Estar, junto al fotógrafo Luis Díaz, se fijan en la ventosa costa atlántica gallega para estudiar los paisajes de la energía renovable.

Su investigación cuestiona un modelo de transición energética basado en implantar grandes parques eólicos o infraestructuras hidroeléctricas sobre comunidades rurales sin suficiente integración territorial. Frente a ello, defienden que la energía limpia debe planificarse atendiendo también al diseño del paisaje y a las necesidades de las poblaciones que lo habitan, de manera que las infraestructuras energéticas puedan formar parte de un territorio compartido y no funcionar únicamente como instalaciones utilitarias.Noticias relacionadas

3. Oficios: el suelo mediterráneo

En la cámara mediterránea, Anna y Eugeni Bach, junto a la fotógrafa Caterina Barjau, exploran el coste humano de la estandarización de las tecnologías constructivas. Su investigación cartografía el conocimiento acumulado de artesanos del barro, ladrilleros y albañiles mediterráneos.

La propuesta invita a reducir la dependencia de sistemas constructivos, tecnologías y maquinaria estandarizados y a reinvertir, en cambio, en el saber hacer de los oficios regionales. No solo como mecanismo de conservación del patrimonio cultural, sino como una forma de mantener conocimientos, empleo y capacidades productivas vinculados a cada territorio.Noticias relacionadas

4. Residuos: minería urbana en Madrid

Comisariada por Lucas Muñoz y Joan Vellvé, con fotografías de Ana Amado, esta sala dirige la mirada hacia el parque edificado del Madrid metropolitano. Se centra especialmente en las grandes promociones de vivienda industrializada levantadas durante el desarrollismo de la posguerra, muchas de las cuales afrontan ahora importantes procesos de rehabilitación y transformación.

Muñoz y Vellvé defienden la «minería urbana» frente a la demolición indiscriminada. En lugar de derribar edificios completos y enviar miles de toneladas de materiales al vertedero, plantean procesos selectivos de «deconstrucción» que permitan recuperar acero, ladrillos, vidrio y otros componentes para reutilizarlos o remanufacturarlos. La propuesta implica además un cambio de paradigma: diseñar edificios cuyos componentes puedan desmontarse y separarse al final de su vida útil, en lugar de quedar unidos de manera irreversible y terminar reducidos a escombros.

5. Emisiones: el presupuesto de carbono de Baleares

En la sala final, Carles Oliver y David Mayol, junto a la fotógrafa Milena Villalba, estudian el ciclo de vida del CO₂ en las Islas Baleares.

Su trabajo traduce la emergencia climática a cifras concretas: para mantenerse dentro de los objetivos de descarbonización, la construcción y rehabilitación de edificios deben reducir en un 50% su impacto en ámbitos como la energía empleada durante la obra y durante la vida útil del inmueble, la generación de residuos o el consumo de agua. El análisis demuestra que recurrir a materiales locales y diseños pasivos adaptados al clima ha dejado de ser únicamente una elección estética para convertirse en una cuestión ambiental y regulatoria.

Desvinculando el estilo de la supervivencia

Tal vez una de las afirmaciones más radicales de Internalities sea su insistencia en desvincular la ecología de un estilo arquitectónico concreto. Durante décadas, la arquitectura sostenible ha arrastrado un estereotipo estético: el refugio romántico, y a menudo sentimental, en construcciones de barro, madera o apariencia deliberadamente rústica.

«La agenda de Internalities no presupone ningún lenguaje formal», insisten Salgueiro y Bouzas. Los comisarios rechazan así que la responsabilidad ecológica implique una regresión hacia estilos tradicionales. Los dieciséis proyectos expuestos son contemporáneos en términos espaciales, tipológicos y estructurales. Demuestran que es posible diseñar edificios elegantes, innovadores y formalmente ambiciosos al tiempo que se trabaja dentro de presupuestos materiales y energéticos ligados al territorio.

Lo que pide Internalities no es un estilo, sino una nueva cultura territorial. Durante décadas, buena parte de la arquitectura se ha proyectado desde y para la ciudad, mientras aquello que quedaba fuera de sus fronteras —canteras, bosques, ríos o comunidades rurales— podía convertirse en una reserva invisible de materiales, energía y espacio para los residuos.

Documental, Internalities obliga a mirar el precio real de nuestro entorno construido. Ahora que la exposición se acerca a sus últimas semanas en Barcelona, deja un mensaje urgente para la siguiente generación de arquitectos y constructores: hay que dejar de ocultar los costes de nuestras ciudades en territorios lejanos y aprender, por fin, a construir dentro de los límites de los paisajes que las sostienen.

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