Šumperák es el apodo de un tipo de casa construida en Checoslovaquia principalmente durante las décadas de 1960 y 1970. Aparentemente modernistas, incluso vanguardistas, con su característico tejado inclinado en el primer piso y balcón frontal, la historia de las Šumperák es en realidad mucho más compleja y ambigua de lo que sugieren sus fachadas.
Difícilmente se encuentran casas Šumperák en el centro de Praga o en el centro de la mayoría de las grandes ciudades checas. Apenas aparecen algunas en el distrito suburbano de Čakovice, en el norte de la capital. Allí se pueden ver no una, sino dos de estas inusuales construcciones, símbolos del modernismo de mediados del siglo XX, gracias a sus característicos tejados inclinados. Su autoría, sin embargo, está cimentada sobre una rígida base de misterio.
“La esencia de la miseria del régimen socialista”
Una de las viviendas acaba de ser vendida, según cuentan los vecinos, y se encuentra prácticamente en estado original, tal como habría lucido en los años 60 o 70 cuando fue construida. A la vuelta de la esquina hay otra diferente, renovada.
“La Šumperák es realmente la esencia de la miseria del régimen socialista. Porque existe la idea de una casa moderna y hermosa, que básicamente tiene formas occidentales: esta casa es prácticamente una copia de viviendas francesas, estadounidenses y brasileñas de los años 50. Así que es como la esencia del modernismo occidental empaquetada en formato ‘hazlo tú mismo’”.
Así lo explica Adam Štěch, historiador de arquitectura, periodista y comisario que documenta ejemplos de arquitectura moderna en todo el mundo. Su comentario refleja la compleja mezcla de fascinación y rechazo asociada a las llamadas casas Šumperák. Se estima que alrededor de 20.000 fueron construidas en toda Checoslovaquia desde mediados de los años 60 hasta finales de los 80. Todas se basaban en un plano de construcción “hazlo tú mismo”, creado por un hombre llamado Josef Vaněk.
Vaněk no era arquitecto, sino un diseñador con educación básica, formado previamente como albañil en la ciudad de Zlín. Ambicioso y emprendedor, terminó trabajando en la ciudad morava de Šumperk.
El origen de un ícono ¿checo?
Pepa Vomáčka, que ha dedicado décadas a investigar la historia de la arquitectura checa, remonta los orígenes de la Šumperák en declaraciones a la Radio Checa.
“A comienzos de los años 50 prácticamente no había construcción en Checoslovaquia. Existía una histeria de posguerra y no había dinero. Las primeras casas no empezaron a construirse hasta finales de los años 50. La mayoría de la gente levantaba viviendas sin permisos, en jardines, patios y lugares similares”.
Tomáš Pospěch es un fotógrafo que documenta cada Šumperák que encuentra. De esa labor han surgido ya dos libros y un tercero está en camino, y explica en diálogo con RPI parte de esta historia.
“Josef Vaněk descubrió que existía un enorme vacío en el mercado. No había manera de que la gente construyera viviendas individuales si quería hacerlo… así que decidió elaborar diez planos y publicarlos en un libro”.
Vaněk diseñó entonces el primer plano de una “Casa Familiar Tipo V” y comenzó a ofrecerlo a las personas que acudían a las oficinas de urbanismo. Poco después se construyeron tres casas siguiendo sus planos. La primera fue encargada por una mujer en el municipio de Rapotín, en Bohemia oriental, en las afueras de Šumperk, en la calle Osvobození.
Pospěch se contactó con la propietaria original, la señora Kocourková, como parte de su investigación.
“La señora Kocourková sigue viva y es una mujer muy activa. Afirma que muchas de las características de estas casas fueron resultado de sus propias sugerencias”.
Una de las mejores épocas de la arquitectura checa
Todo ello sonaba profundamente individualista y emprendedor, en una época en que las restricciones contra ese tipo de actividad se relajaban durante la liberalización de la Checoslovaquia de mediados de los 60. Eso permitió pequeños intentos de recuperar el prestigio arquitectónico que el país había tenido durante la Primera República. Así lo explica el historiador Adam Štěch.
“La primera mitad del siglo XX fue una de las mejores épocas de la arquitectura checa. Los historiadores suelen hablar de tres grandes eras arquitectónicas checas: el gótico, el barroco y el modernismo de los años 20 y 30. Durante la Primera República, Checoslovaquia llegó a ser líder en arquitectura moderna”.
Luego llegó el golpe comunista de 1948, que puso fin al modernismo y lo sustituyó por el llamado “realismo socialista” de inspiración soviética.
Mientras tanto, en Occidente el modernismo siguió desarrollándose. En 1947, el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, una de las figuras clave del movimiento, construyó la Small Hillside House en Río de Janeiro. Su diseño futurista incluía un segundo piso inclinado, parecido a una boca abierta, que sin duda inspiró a las Šumperák checas. Adam Štěch explica da más detalles al respecto.
“El modernismo de posguerra era mucho más divertido y expresivo en cuanto a formas, en parte gracias a las nuevas técnicas de construcción y tecnologías que ampliaron las posibilidades del hormigón. Por eso las formas del modernismo de posguerra son más orgánicas y escultóricas”.
En 1958, la Exposición Universal de Bruselas, Expo 58, se convirtió en un punto de inflexión. La Checoslovaquia comunista necesitaba presentarse ante el mundo como algo más que una fábrica de realismo socialista. Los arquitectos František Cubr, Zdeněk Pokorný y Josef Hrubý crearon un revolucionario pabellón circular y futurista, nuevamente con una abertura “en forma de boca” en el piso elevado. Štěch profundiza.
“Consiguieron recuperar la continuidad con la arquitectura moderna, porque habían sido formados todavía durante la gran era modernista de los años 30”.
“A finales de los años 50 había un arquitecto llamado Vladimír Kalivoda, de Valašské Meziříčí. Era uno de los pocos arquitectos que en esa época seguía construyendo casas unifamiliares. Ese tipo de vivienda prácticamente había desaparecido tras la Segunda Guerra Mundial, porque se consideraba no socialista, elitista y burguesa. Pero existían algunas excepciones”.
Precios irrisorios
Las casas estaban en Litovel, en Bohemia oriental, y tenían muchas de las características que luego definirían a las Šumperák. Pepa Vomáčka destaca su irrisorio valor al momento de su aparición.
“Se construyeron tres casas con este estilo. A principios de los años 60, Josef Vaněk vio una de ellas y pidió acceso a los planos. Hizo algunas modificaciones y comenzó a venderlos por 875 coronas, una suma muy baja incluso para la época”.
Más allá de su carácter vanguardista, las casas estaban pensadas para ser baratas y fáciles de construir.
“Todo el mundo tenía que construirlas por sí mismo. Bastaban tres personas para levantarla. La construcción tardaba unos dos meses y el coste total, incluyendo materiales y mano de obra, rondaba entre 100.000 y 120.000 coronas checas, extremadamente barato según los estándares actuales”.
Tomáš Pospěch descubrió además que la escasez de materiales durante el comunismo tardío influyó enormemente en la naturaleza “modular” de las Šumperák:
“Cuando empecé mi investigación descubrí que cada casa era notablemente distinta y representaba perfectamente la época de los años 60 y 70. Era un tiempo en que todos los arquitectos tenían que estar empleados y nadie podía trabajar por cuenta propia; tampoco existían empresas constructoras a las que llamar para construir una vivienda. Todo el mundo se construía su propia casa y había una escasez permanente de materiales, así que la gente desarrolló soluciones muy ingeniosas”.
Prohibido vender ideas
Mientras tanto, continuaron los debates sobre si Josef Vaněk se apropió y adaptó de manera justa los diseños originales de Vladimír Kalivoda. Pero el entusiasmo de Vaněk no estuvo exento de problemas.
“Incluso fue acusado de actividad empresarial. Básicamente le decían: ‘Estás vendiendo tus ideas. ¡Eso no está permitido en nuestra sociedad comunista!’ Pero, de algún modo, consiguió seguir adelante”.
Pospěch ha hablado con cientos de personas que construyeron una Šumperák.
“Sé que Vaněk vendió unos 4500 planos. Hablando con la gente, aproximadamente una de cada cuatro personas compró directamente un plano suyo. Los demás probablemente los copiaban o se los prestaban entre ellos”.
Tras la invasión soviética de 1968 llegó la llamada “normalización”. Sin embargo, la arquitectura moderna sobrevivió en Checoslovaquia, especialmente en su variante brutalista. Según Pepa Vomáčka, las Šumperák nunca fueron vistas como problemáticas por las autoridades.
“Las Šumperák no molestaban a nadie. Solo después de los años 90 algunas personas empezaron a considerarlas feas. Por supuesto, mucha gente hizo modificaciones en colores y materiales, y los resultados no siempre fueron buenos. Pero el diseño original no era malo”.
Mitos y más mitos
Uno de los mitos sostenía que las Šumperák eran viviendas construidas por y para funcionarios comunistas. Después de todo, ¿quién podía permitirse una casa personalizada en la Checoslovaquia comunista? Pero Tomáš Pospěch descubrió que esto no era necesariamente cierto.
“Durante las entrevistas escuchaba con frecuencia que las Šumperák eran casas de comunistas construidas para sí mismos. Pero la investigación demostró lo contrario. Había proporcionalmente menos comunistas propietarios de Šumperák que en la población general. Por otro lado, tampoco eran construidas por disidentes del régimen. Lo habitual era encontrarlas en pequeñas ciudades y pueblos”.
Artesanos, trabajadores manuales y personas acomodadas, como directores de fábricas; carniceros o gestores de negocios estatales, formaban parte de los propietarios típicos.
Josef Vaněk logró además promocionar sus ideas en periódicos y revistas de la época, lo que impulsó enormemente las ventas. Según Tomáš Pospěch, el Partido Comunista supo integrar el fenómeno en su propia narrativañ.
“El Partido Comunista incluso presumía de ello, presentándolo como un ejemplo de modernización de las zonas rurales. Su hija cuenta que a veces llegaba a casa y había diez o veinte personas esperando para comprarle un plano”.
Hoy en día, las Šumperák siguen pareciendo modernas y llamativas. Pero ¿eran realmente prácticas para vivir? Según Tomáš Pospěch, abundaban los problemas cotidianos, especialmente relacionados con los balcones frontales de 95 centímetros de profundidad.
“Ese era supuestamente el elemento más interesante de la casa. Mucha gente construía la vivienda por el balcón y las ventanas asociadas. Pero durante las entrevistas alguien llegó a decir: ‘Desde que dejé de fumar, no he vuelto a salir a ese balcón en veinte años’. Y su esposa respondió: ‘Eso es porque tú no eres quien limpia las ventanas’. Al final, esas eran las dos únicas razones para usar el balcón: fumar o limpiar las ventanas”.
Adam Štěch coincide en que el diseño no era precisamente práctico.
“Quizá habría sido mejor girar la casa 180 grados para que el balcón diera al jardín. Pero en la mayoría de las Šumperák el balcón está al frente. Y en los días calurosos no tiene un tejado adecuado que dé sombra, así que uno prácticamente se derretía sentado allí”.
De hecho, la parte trasera de las Šumperák es mucho menos atractiva. Aun así, las Šumperák siguen despertando curiosidad en pleno siglo XXI e incluso alcanzan precios elevados en el mercado inmobiliario.
Adam Štěch, sin embargo, insiste en contextualizar adecuadamente su creciente estatus icónico.
“Lo que no me gusta de las Šumperák no es la forma. La forma es divertida, porque está inspirada en casas de sociedades occidentales. Lo que no me gusta es que se celebren como algo súper original dentro del contexto checo. Mucha gente las presenta como un gran diseño checo, y eso no es realmente cierto. Siempre me han parecido una especie de arquitectura ‘Jára Cimrman’, porque reflejan perfectamente cierto ethos checo”.






