14 abril, 2024

Simbiosis

por Nicole Prutsky y Roberto de Rivero

La casa como un refugio que no deja de estimular e invitar a la curiosidad y a la vida

Es una propuesta ambiciosa que abarca cinco ambientes. Su inspiración nace del actual estilo de vida del interiorista Roberto de Rivero, quien desde hace varios meses se divide entre el Valle Sagrado de Urubamba y estadías en ciudades como Lima y Buenos Aires. Así, el espíritu relajado e incluso místico del Cusco se reflejan (literalmente) en el espejo de agua con un árbol de olivo en medio, un poético recibimiento al espacio y un paisaje interior que invita a la contemplación. Mientras tanto, el resto de los ambientes (su arte, dinamismo y color), hacen referencia a una vida urbana rodeada por estímulos e intereses diversos.

Pienso en volver a invitar a los amigos más íntimos a casa, en vestirse bonito para salir a disfrutar de la ciudad”, contó De Rivero. “Disfrutar del arte, la gastronomía, la ópera, el teatro…”. Es la simbiosis a la que se refiere el nombre de la propuesta: “Estar centrado, pero al mismo tiempo, no quedarte estancado en casa”, respondió el interiorista.

La curadoría de muebles, a cargo de Nicole Prutsky, privilegió pocos pero contundentes elementos. Los ambientes tienen detalles y a la vez se concentran en lo más importante. Por ejemplo, la sala tiene cortinas negras con peso y textura, pero solo tiene un sofá. No hay más butacas, pero sí dos mesas de centro. “No nos quisimos hacer de millones de objetos, más bien sí hacer una limpieza y quedarnos con esas cosas hermosas que más gustan”, dijo Roberto de Rivero sobre la lógica de selección.

El arte cumple una función simbólica. Está la serpiente de Aldo Chaparro como pieza de techo, así como las cajas de luces sobre la chimenea de Juan José Barboza y la cerámica de Gina Céspedes. Una presencia muy especial es la serie de pinturas que el artista Fernando Taboada hizo sobre las ruinas de Sacsayhuamán, en el Cusco. El pintor peruano falleció a inicios de la pandemia, y este espacio quiso rendirle homenaje. Volviendo nuevamente al espejo de agua del ingreso, que se corona con un espejo en el techo, tal vez esta simbiosis de objetos y formas quiso expresar esa noción de que nada realmente termina, solo se transforma y continúa.

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