15 abril, 2024

La Caseta del Notari ha dejado de ser, por fin, una reliquia sesentera para transformarse en un ‘origami’ habitable

Cuando se tiene una buena idea entre manos, lo importante es “ir quitando lo que sobra”. Eso es lo que diría Miguel Milá y lo he han hecho desde Viraje con esta joya arquitectónica inspirada en la tradición japonesa.

Es en las entrañas de Picassent, un municipio a escasos 30 minutos de Valencia, donde encontramos la famosa Caseta del Notari, una joya de la zona cuya estructura –tanto interior como exterior– se inspira en la tradicional arquitectura japonesa. Este origami de madera, ahora de rasgos limpios y puros, viene con un misterio bajo los cimientos: no está claro ni quién era el notario que la habitaba ni tampoco quién fue el encargado de levantarla.

De belleza sosegada aunque contundente –imposible no fijarse en los volúmenes del techo ni los juegos de luces de la fachada–, lo cierto es que su aspecto inicial distaba, no de manera precisamente sutil, del que vemos ahora. “Fue interesante poder trabajar con una base tan singular y tan atractiva. Nuestra premisa ha sido siempre respetar al máximo los elementos primigenios, potenciando todos los puntos clave que tenía, y tiene, la vivienda”, nos cuenta Marta Piqueras, líder del proyecto e integrante de Viraje, el estudio que ha conseguido deshacerse de las telarañas de este tesoro valenciano.

La reforma de semejante diamante en bruto, “realizada mientras los nuevos propietarios vivían en China”, llegó al despacho a través de una antigua cliente: “Nos encontramos con una construcción sin uso desde hacía muchísimos años. Tenía el mismo estado de los 60, con una carpintería de madera original con vidrios anaranjados típicos de esa época. La cocina tenía el mobiliario en azul claro (también característico de esa década) y, además, la casa presentaba muchos problemas de entrada de agua”. Un panorama que lejos de resultar desolador, suponía una oportunidad única de pulir hasta conseguir oro puro –estilísticamente hablando–.

Exterior de la casa situada en Picassent Valencia.
Exterior de la casa situada en Picassent, Valencia.
“En el exterior se trabajó todo el proyecto de iluminación y de recreo”. 

Quitar, quitar y quitar

¿Qué es lo que haces cuando tienes ante ti un proyecto con semejante carácter arquitectónico? Pues “ir quitando lo que sobra”, como diría Miguel Milá. La premisa, nos recuerda Marta, era la de “conservar lo que ya existía, dotándolo de una mayor luminosidad”, y las exigencias de los dueños se centraban en “que tuviera espacios más amplios”. Unas demandas nada extravagantes que se han cumplido a base de replantear materias primas y rebajar la variedad cromática. “Hemos optado por materiales neutros para eliminar la tonalidad anaranjada estridente que existía entre los vidrios coloreados y los distintos tipos de maderas. El hito principal fue cambiar el pavimento, que carecía de interés y que también tenía ese tono anaranjado, y conservar y restaurar toda la madera”, nos cuentan desde el estudio.

Un “lavado de cara”, como lo llama Marta, que no se olvida de los elementos preexistentes y que apuesta por nuevas incorporaciones, como superficies de Neolith en cocina y baños y piezas de diseño de Andreu World. “Basándonos en que el tono principal de la casa es el de la madera de la cubierta, la paleta buscada ha sido principalmente neutra, en tonos beige y crudos, para armonizar todos los espacios”, sentencia María. Si estudiar Derecho nos garantizara una casa como esta, nos lo pensaríamos dos veces. Sin duda.

La Caseta del Notari:

Las mejores vistas no están fuera

La transformación de La Caseta del Notari pasa por huir de los tonos oscuros y optar por aumentar la luz y la calidez de todas las estancias. En el salón, chimenea obra de Viraje y mobiliario de Andreu World.

Techos que parecen de papel

Gran parte del trabajo se ha centrado en renovar los vidrios de la vivienda, pasando de un naranja anticuado a una opción totalmente transparente que potencia los juegos de luces en el interior.

La madera siempre, siempre, siempre es un sí

En la zona de día, los dos volúmenes de madera curvos, que esconden la cocina y la zona de estudio, no llegan a tocar la cubierta, acompañando la mirada de los visitantes hacia el cielo.

Justa medida

“La intervención en esta vivienda cumple la misión de prescindir de los elementos fijos y pesados visualmente y redirigir la vista a la cubierta inclinada. El pavimento claro continuo otorga, además, mucha más luz”, explica Alba Mínguez, arquitecta del estudio.

Escena idílica

En la cocina, conectada física y visualmente con el salón-comedor, se han utilizado tonos claros y materiales ligeros.

Sin aliento

Junto al comedor, el volumen de madera tiene una puerta de inspiración japonesa (a simple vista recuerda a los tradicionales shoji) y está coronado por un vidrio que acentúa la sensación de bóveda.

Nuevos horizontes

La distribución del dormitorio principal también ha sufrido su propia transformación: se han unificado tres estancias para mejorar su tamaño y se han creado dos vestidores y dos baños, uno a cada lado.

Vida moderna

Los baños, que más que zonas de paso son auténticos oasis de descanso a medida, se han configurado con superficies de Neolith.

Dos en uno

En uno de los baños principales, la bañera está a ras de suelo, acentuando la sensación de vivir en perfecta comunión con la arquitectura de la casa.

Envoltura de oro

Durante la reforma se ha conservado la estructura original, tan característica de la vivienda, modificando los materiales para destacar la cubierta inclinada de madera e introducir más luz en el interior.

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